Tendrá en mí a un opositor entusiasta – Nota en Tiempo Argentino

Tiempo Argentino – Pag. 6

La asunción de Cristina Fernández

Ocho miradas sobre el próximo mandato

 

Tendrá en mí a un opositor entusiasta

Gustavo Ferrari
Diputado Nacional.

 

No sería correcto iniciar una evaluación del primer período de gobierno de Cristina Fernández sin mencionar el reconocimiento que millones de argentinos manifestaron en las urnas. Como representante de otro sector de la sociedad no voy a referirme a los logros, que los hay en este período, como la AUH que debió ser ley para evitar su utilización política, sino a lo que nos diferencia, aspirando a que algunos de estos temas sean abordados en el próximo mandato de un gobierno que está obligado a representar no sólo a quienes lo votaron sino también a quienes no lo hicimos.

Me resulta difícil diferenciar la impronta presidencial de Cristina Fernández en sus primeros años de gobierno, porque la influencia de su esposo en las decisiones, los palcos compartidos y la continuidad del elenco ministerial desdibujaron los límites entre el primer y segundo mandato K. La triste muerte del ex presidente la colocó por fin en el rol protagónico y excluyente de su gobierno. Ella heredó un país que en un contexto internacional absolutamente favorable en lo económico logró un esquema fiscal y comercial de superávit gemelos. En eso se había sustentado la salida de la crisis de principios de siglo, pero empezaba a mostrar agotamiento a caballo de un descomunal gasto público, una inflación que no podía ocultarse tras el fuerte impulso de crecimiento económico basado en consumo y un Estado que redujo el desempleo y multiplicó la asistencia pero que mantuvo casi iguales los niveles de desigualdad social. Una decadencia institucional se evidenciaba en el cambio antojadizo de las reglas de juego, el uso injustificado de instrumentos de emergencia, el desconocimiento de decisiones judiciales adversas y el bloqueo de la actividad parlamentaria.

Argentina que desperdició una oportunidad histórica de crecer con igualdad de oportunidades, en la que la educación pública siguió perdiendo calidad, pese al esfuerzo fiscal y el aumento de la inversión pública, en la que sigue pendiente el reconocimiento de derechos constitucionales a los jubilados y en la que la seguridad nunca estuvo en la agenda del gobierno que dejó crecer el delito complejo, ese que demandará mucho esfuerzo y decisión política combatir.

Otras tres grandes deudas son con la probidad en la función pública.

A diferencia de otros países de la región que apartan a los funcionarios acusados de corrupción, la administración K es tolerante.

Los funcionarios sospechados son ratificados. La segunda es la deuda con el diálogo democrático. Aceptar el pluralismo implica aceptar la opinión del otro y permitir la expresión de las minorías políticas.

Esa es la diferencia entre una visión pluralista y otra plebiscitaria. La tentación del pensamiento único, la vocación de silenciar disidencias, de descalificar a los que piensan distinto empobrece la convivencia social. La tercera deuda es con la realidad. El gobierno optó por un exitoso modelo comunicacional, en el que las contradicciones entre los objetivos que se persiguen y los que se enuncian se diluyen para justificar una alianza con desprestigiados dirigentes del fútbol local que sin dudas ha redundado en una exitosísima política de propaganda oficial como el Fútbol para Todos.

Mucho critico a este gobierno por su pasado, pero también espero que cambie. Como diputado, tendrá en mí a un opositor de lo que entiendo no hace bien al país, pero también, el entusiasta apoyo a todo lo que ponga a la Argentina en el mejor camino