Defendiendo el derecho a tener una mejor democracia

El derecho a expresarse libremente es uno de los pilares fundamentales sobre el que se erige todo sistema democrático. La posibilidad de manifestar en el foro público de acuerdo a las libres convicciones de cada uno, posibilita enriquecer el debate político, y lograr así una cultura democrática más madura.

Intentar acallar dicho debate es propio de las expresiones autoritarias, que no entienden a la política como un confronte de intereses con el fin de lograr propuestas integradoras, sino como una lucha, que solo admite ganadores y perdedores.

En este contexto es que hemos visto con una estimable preocupación la solicitud cursada por un juez federal a los principales medios gráficos de comunicación, para que envíen un listado pormenorizado de los periodistas que han escrito sobre la inflación en los últimos años, exigiendo que se especifica sus datos personales tales como domicilio y teléfonos.

Sin intentar adentrarme al debate sobre la fiabilidad de los números que emanan del Indec, puesto que ya he dado en diversas ocasiones mi opinión al respecto y entiendo no hacen al quid de esta cuestión, debo decir que esta situación reviste de una gravedad institucional tal, que claramente amerita una declaración firme de todas las fuerzas democráticas que conformamos el amplio arco político.

Como vengo diciendo en varios medios de comunicación, creo firmemente que a la libertad de expresión hay que contraponerle más libertad de expresión y no el Código Penal. Entiendo en tanto que la actitud de este juez resulta un ultraje a una de las instituciones democráticas de más relevancia, como es el derecho a expresarse libremente. Se debe decir que las presiones vertidas sobre los periodistas tienen como única finalidad el silenciamiento de las voces discordantes con el relato oficial, y la instauración de un mensaje oficial único.

Es lamentable aseverar que hoy vivimos un clima de época. Se avista con claridad en el debate público y privado, un clima en el cual desde el empresariado, desde la política, y también desde el Poder Judicial, se ha comenzado a percibir un gobierno ya instituido por unos años más, y como consecuencia, el calor del poder empieza a seducir mucho más que el frío del antikirchnerismo.

Eso no puede a llevar a que se permita avanzar sobre las cuestiones fundamentales de todo Estado de Derecho, sobre la posibilidad de que cada individuo exprese, y también oiga o lea libremente de acuerdo a sus propias convicciones, y que no se encuentre acallado por el temor al castigo, o por una obediencia debida al poder de turno.

Estoy convencido de que es necesario defender los principios republicanos, y por ende es el momento de no ceder más espacio al autoritarismo, frenando este tipo avances sobre las libertades, que sin lugar a dudas atentan directamente contra la salud de nuestra república.

Es tiempo o de trabajar conjuntamente por una democracia más madura y equilibrada.